miércoles, 4 de marzo de 2020

¡Gracias, María Soledad!

La apertura de una Oficina del Alto Comisionado de las Naciones para los Derechos Humanos en Honduras fue el resultado de la incidencia que realizamos diferentes sectores de la sociedad civil nacional e internacional, de la cooperación y de ciertos actores de la ONU que tienen preocupaciones sinceras con respecto a los derechos humanos en el país.

Obviamente, no es suficiente la sola presencia de la Oficina del Alto, ya que es necesario que quien la lidere sea una persona comprometida con la ética, los derechos humanos y la democracia, y no esté dispuesta en perderse en los laberintos de la diplomacia y la burocracia del organismo universal.

María Soledad Pazo supo navegar en esos laberintos y desde un inicio mostró cercanía, solidaridad con las víctimas y compromiso genuino en la lucha contra la impunidad. Pese a los obstáculos y errores, se rodeó de un equipo que acompañó al pueblo hondureño y le brindó varios informes que hoy sirven de memoria histórica sobre la violencia del régimen.

No siempre comprendimos el complejo papel que juega la Oficina del Alto, dado que, debe dialogar con el Estado y acompañarle en diversos procesos para fortalecer el respeto a las libertades, y, al mismo tiempo, tiene que documentar y poner el dedo en la llaga sobre la grave situación de los derechos humanos.

El régimen jamás le perdonó los señalamientos que hizo el equipo de la Oficina del Alto, y por eso puso en marcha toda su maquinaria para lograr que desde Ginebra se girara la orden de poner fin al mandato de María Soledad al frente de la Oficina.

Desde todos los sectores comprometidos con la democratización del país debemos estar vigilantes para que la nueva persona representante de la Oficina del Alto al menos cumpla con el mismo papel que jugó María Soledad. Y a ella, simplemente le decimos ¡gracias!

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