martes, 15 de mayo de 2012

Es hora ya…


El bien más preciado de una sociedad democrática es el derecho a la vida pues es la base esencial para el ejercicio de los demás derechos. Pero este derecho no solamente se refiere al derecho a no ser privado de la vida arbitrariamente por actos criminales, sino también a que no se impida el acceso a las condiciones que garanticen una existencia digna.

Y una existencia digna implica que todas las personas se encuentren al amparo de la ley, sin temor a la discriminación ni a las represalias, gocen de libertad de opinión, de culto y de asociación, y se sientan libres del temor, de manera que la violencia no destruya su existencia y sus medios de vida.

Al ser un bien tan preciado, el respeto al derecho a la vida es un termómetro idóneo para medir la legitimidad y los niveles de humanización de un Estado, quien no sólo tiene la obligación de no empeorar las condiciones de vida de las personas, sino también tiene el deber de mejorarlas mediante el fortalecimiento de las capacidades básicas que permitan a la gente tener una vida larga y saludable, acceder a la educación de calidad y a los recursos necesarios para disfrutar un nivel de vida digno.

Contrariamente a lo que debería suceder en un Estado de derecho, en Honduras la vida es el bien más despreciado de todos pues diariamente 20 vidas humanas son asesinadas sin que el Estado adopte medidas eficaces para detener esta barbarie que nos coloca en la cima de los países más violentos del mundo muy por encima de otros que oficialmente se encuentran en guerra.

Pero también diaria y lentamente hay otros asesinatos silenciosos que arrebatan la vida a las personas más vulnerables de la sociedad, quienes son sacrificadas en el altar del hambre, del desempleo, de la migración forzada, de la vulnerabilidad ambiental, de la enfermedad prevenible y curable, y de la denegación de la tierra.

Y toda esta barbarie tiene responsables políticos que detrás de la máscara del bipartidismo han desgobernado el país y lo han convertido en un centro de exterminio en donde el que no muere por hambre, muere por balas; y por eso, es hora de gritar “basta”, es hora de aplastar colectivamente la impunidad, es hora de que las víctimas levanten la frente y clamen “justicia”.

lunes, 14 de mayo de 2012

¿Un informe al borde del olvido?


El 7 de julio de 2010, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación presentó su informe “Para que los hechos no se repitan”, en el que expuso un número importante de recomendaciones para evitar que los hechos del golpe de Estado se repitan en el futuro.

Desde un inicio, el gobierno de Lobo Sosa se comprometió a cumplir cada una de las recomendaciones allí contenidas, no obstante, hasta el momento las mismas siguen siendo letra muerta pues el gobierno no sólo ha hecho muy poco para cumplir este compromiso, sino que ha realizado acciones contrarias a lo que el informe recomienda.

Es preciso recordar que el informe establece claramente que policías y militares cometieron graves violaciones a derechos humanos como asesinatos, torturas, detenciones ilegales, tratos crueles, inhumanos o degradantes y violaciones sexuales, todas las cuales constituyen crímenes de lesa humanidad debido a su carácter masivo, sistemático e institucional y a que fueron ordenadas, autorizadas y encubiertas por los mandos y autoridades superiores del gobierno de facto, la Policía y las Fuerzas Armadas en el marco de una política estatal de represión.

Pese a que el informe recomienda investigar y sancionar a los responsables intelectuales y materiales de tales crímenes, es de todos conocidos que más bien han sido premiados, declarados héroes nacionales y diputados vitalicios, han sido nombrados en importantes instituciones del Estado y hasta se les permite presentarse como candidatos presidenciales a pesar que el antecedente golpista es una causal suficiente para excluirlos del proceso electoral.

El informe también recomienda evaluar el papel del Fiscal del Ministerio Público, del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos y de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, pues su participación en el golpe de Estado los convierte en responsables directos de las violaciones a derechos humanos, sin embargo, no hay ni siquiera indicios de que estos personajes enfrenten un proceso independiente para la deducción de sus responsabilidades.

Asimismo, el informe recomienda depurar la Policía Nacional y revisar las facultades de las Fuerzas Armadas, sobre todo en lo que se refiere a su participación en funciones de seguridad ciudadana, no obstante, el proceso de depuración que se ha iniciado sigue generando dudas y va a paso de tortuga, y a las Fuerzas Armadas se les han otorgado facultades plenas para ejercer funciones policiales, en otras palabras, se ha legalizado la militarización del país.

Debemos recordar que el cumplimiento de las recomendaciones del informe no sólo requiere de voluntad política del Estado, sino también de un compromiso serio de la ciudadanía para exigir y vigilar la realización de las reformas necesarias en el país que permitan extirpar de raíz el cáncer que nos carcome y que  nos ha puesto en estado terminal desde el golpe de Estado: La impunidad y la corrupción.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Policía asesina a Santos Domínguez Benítez indígena lenca miembro de COPINH

Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras.
COPINH.
 
Denuncia Urgente.
 
Policía asesina a Santos Domínguez Benítez indígena lenca miembro de COPINH.
 
Este día martes 1ro de mayo a las 11.30 minutos una patrulla integrada por 3 miembros de la policía ingreso a la casa de la señora María de Los Santos Domínguez Benítez, ante lo que el joven Santos Alberto Rodríguez reclamo por el allanamiento a la vivienda de su madre a lo que la policía respondió disparando sus armas de fuego impactando en su cabeza y muriendo de manera instantánea.
 
La vivienda del joven asesinado está ubicada en la comunidad lenca de San Bartolo una comunidad que tiene en trámite la titulación de la las tierras como comunidad indígena lenca y que en los últimos días ha sido amenazada por una maniobra de los terratenientes que han impulsado una invasión de las tierras.   
 
La comunidad indígena de San Bartolo está ubicada en el municipio de Intibucá departamento de Intibucá y es bastión en la lucha contra una represa que autoritariamente empresarios pretenden imponer.
 
El COPINH denuncia este nuevo hecho de violencia que enluta al pueblo lenca y exige castigo a los responsables de este asesinato que viola el convenio 169 de la O.I.T , la declaración universal de los derechos humanos y otros instrumentos que protegen los derechos humanos.
 
Los policías responsables de este crimen están asignados al municipio de San Isidro siempre del departamento de Intibucá.
 
Este crimen se suma a otros crímenes que los cuerpos represivos han cometido contra hondureños y hondureñas
 
¡Alto a la represión!
¡Alto a los asesinatos de indígenas! 

martes, 1 de mayo de 2012

Justicia contra impunidad


En un reciente pronunciamiento público, la Convergencia por los Derechos Humanos de la zona noroccidental de Honduras anunció que la Fiscalía de Derechos Humanos de San Pedro Sula había presentado un requerimiento fiscal contra los subcomisionados de policía Héctor Iván Mejía Velásquez y Daniel Matamoros Ávila, por los delitos de detención ilegal, lesiones leves y violación de los deberes de los funcionarios.

La comisión de tales delitos se enmarca en la represión ordenada y comandada por dichos subcomisionados el 15 de septiembre de 2010, donde miembros de la Policía Nacional atacaron violentamente una manifestación pacífica en la que participaban colegios de educación media, escuelas públicas, sindicatos, grupos artísticos, organizaciones sociales y varios colectivos de profesionales, dejando como saldo manifestantes con fracturas de costillas, fracturas de cráneo, pérdida de los dientes y heridas en el rostro y la cabeza, así como la detención de 37 personas, entre ellas, 3 menores de edad.

La Convergencia señaló que pese a que han pasado casi dos años desde tales hechos, es de suma importancia la deducción de responsabilidades penales y administrativas en este caso pues representa una oportunidad histórica para enviar un mensaje contundente a las fuerzas de seguridad del Estado en el sentido que no puede permitirse el uso discriminatorio y excesivo de la fuerza; abiertos excesos e inexistencia de control respecto del uso de fuerza letal y no letal, con el objetivo de castigar a quienes participan en manifestaciones; y la inobservancia de los criterios de proporcionalidad, oportunidad, necesidad y legitimidad en el uso de la fuerza.

Teniendo en cuenta que el sistema de justicia hondureño no goza de la  confianza en la aplicación de la ley de manera independiente e imparcial, la Convergencia hace un llamado a la ciudadanía en general y a las organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos en particular, a estar vigilantes con respecto al desenlace de este proceso contra los subcomisionados Mejía Velásquez y Matamoros Ávila.

Concretamente, la Convergencia por los Derechos Humanos invita a que el próximo 3 de mayo la población acompañe a las víctimas a los tribunales de San Pedro Sula, donde se desarrollará la audiencia inicial contra los imputados, y en la cual se determinará si se da un paso fundamental en la lucha contra la impunidad o si ésta se colocará nuevamente por encima de la justicia, con su efecto devastador sobre la realización del Estado de derecho y la democracia que queremos construir.

sábado, 28 de abril de 2012

Comunicado de la Relatoría sobre los Derechos de las Personas Privadas de Libertad de la CIDH sobre su visita a Honduras


CONFERENCIA DE PRENSA
COMISIONADO RODRIGO ESCOBAR GIL
RELATOR DE PERSONAS PRIVADAS DE LIBERTAD DE LA CIDH

La Relatoría sobre los Derechos de las Personas Privadas de Libertad de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluye oficialmente con este acto su visita de trabajo a la República de Honduras. 



Durante la visita hemos tenido reuniones con el Presidente de la República, la Subsecretaria de Relaciones Exteriores, la Subsecretaria de Seguridad, el Director Nacional de Centros Penales, la Secretaria de Justicia y Derechos Humanos; asimismo, con la Procuradora General de la República, el Fiscal General, el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos; y  Jueces de Ejecución de la Pena. La delegación también se reunión con el Comité Nacional contra la Tortura (CONAPREV). 

En la ciudad de San Pedro Sula, se celebraron reuniones con el Gobernador Político, el Alcalde, Monseñor Rómulo Emiliani, y Monseñor Ángel Garachana y su equipo.

Igualmente se mantuvieron reuniones con representantes de las siguientes organizaciones de la sociedad civil: el Centro para el Tratamiento y la Rehabilitación de las Víctimas de Tortura (CPTRT), el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús (ERIC),  la Pastoral Penitenciaria, CARITAS, Convergencia por los Derechos Humanos, la Asociación de Jueces por la Democracia, y el Comité de Familiares de las Víctimas del Centro Penal de Comayagua. 

La Relatoría visitó el Centro Penal de San Pedro Sula, la Penitenciaría Nacional Marco Aurelio Soto, y la Penitenciaría Nacional de Comayagua. 

La Comisión Interamericana destaca la colaboración prestada por las autoridades del Estado hondureño en la realización de esta visita, en particular la transparencia en el suministro de la información, así como la disposición para permitir el acceso irrestricto a las instalaciones de los centros penitenciarios visitados y la realización de entrevistas con personas privadas de la libertad en condiciones adecuadas. Asimismo, la CIDH toma nota de la voluntad expresada por las altas autoridades del Estado para trabajar en el mejoramiento de las condiciones de reclusión de las personas privadas de libertad en Honduras.

Los centros penitenciarios de Honduras se caracterizan por graves problemas estructurales que han conducido al colapso del modelo y a una situación generalizada de violación de derechos humanos incompatible con las obligaciones internacionales del Estado, establecidas en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Entre los principales problemas se encuentran: la sobrepoblación y el hacinamiento, la falta de instalaciones físicas adecuadas y seguras para el alojamiento de los reclusos; las condiciones deplorables de higiene y salubridad; de provisión adecuada de alimentos y agua potable; de asistencia médica adecuada; escasez de programas de estudio y trabajo; la falta de instalaciones adecuadas para atender a las visitas, incluida la conyugal; la falta de control judicial efectivo de la legalidad de la privación de la libertad en todas sus etapas; la falta de separación por categorías; y la mora judicial. Esta grave crisis estructural es el resultado de la ausencia, durante décadas, de políticas públicas integrales orientadas a lograr que el sistema penitenciario cumpla con los fines que establece la Convención Americana sobre Derechos Humanos: la reforma y la readaptación social de los condenados.

Al mismo tiempo, las políticas de seguridad de Honduras, al igual que en otros países de la región, se han caracterizado por la aplicación de una política criminal de mano dura, basada en un enfoque eminentemente represivo en el que se enfrenta el delito mediante la tipificación de nuevos delitos, el aumento de las penas, el uso abusivo de la detención preventiva y la ausencia de mecanismos alternativos de la prisión. Este enfoque represivo que al estar acompañado del abandono de las cárceles por parte del Estado, genera que en la práctica no alcancen los fines perseguidos, sino que por el contrario se aumenten los niveles de inseguridad. La seguridad ciudadana involucra la interrelación de múltiples actores, condiciones y factores entre los cuales se cuentan la historia y la estructura del Estado y la sociedad; las políticas y programas de los gobiernos; la vigencia de los derechos económicos, sociales, culturales; y el escenario regional e internacional. Por lo tanto, su realización no puede reducirse de forma simplista y falaz a discursos de mano dura o tolerancia cero que pregonan el encarcelamiento masivo de personas como única respuesta a esta compleja realidad.

Es imprescindible que la política criminal de los Estados no solo tenga un carácter represivo sino que también debe tener una naturaleza preventiva con políticas y programas orientados a la prevención de los delitos. Entre dichas políticas adquiere especial  relevancia por su significación y eficacia los programas orientados al mejoramiento del sistema penitenciario, en particular los dirigidos a promover y fomentar el trabajo y la educación en las cárceles como medios idóneos para lograr la reinserción social de los reclusos.

En el caso concreto de Honduras, la Comisión Interamericana observa con preocupación algunas particularidades que agravan aún más las condiciones de las personas en custodia del Estado. El rasgo más preocupante es el abandono de los centros penitenciarios y la entrega de aspectos esenciales de su administración, como el control de la disciplina, la asignación y el traslado de las celdas, y el control de toda la economía informal que se mueve al interior de los centros penales, a determinados reclusos denominados “coordinadores”. La delegación de facto del control interno de los centros penitenciarios a los reclusos, sin institucionalización alguna ni límites ni controles, ha generado altos niveles de violencia y corrupción, en un contexto de absoluta impunidad. Los hechos atroces recientemente registrados en el Penal de San Pedro Sula el pasado 29 de marzo, en los que por una lucha de poder por el control del penal fueron asesinados trece internos –incluido el entonces coordinados general de ese penal al que no solo decapitaron, sino que además le arrancaron el corazón y le mutilaron los genitales, dan cuenta de los niveles de violencia y descontrol a los que se puede llegar con este modelo de autogestión penitenciaria.

Preocupa también a la Comisión la falta de un marco normativo adecuado definido por una política pública en la materia. Las normas existentes no solo son obsoletas e ineficaces, sino que al carecer de reglamentación deja su aplicación al arbitrio del funcionario, en detrimento del Estado de derecho. Desde el punto de vista institucional, la Relatoría sobre los Derechos de las Personas Privadas de la Libertad concluye que Honduras carece de un verdadero sistema penitenciario, puesto que su organización se limita al establecimiento de veinticuatro  centros penales cuya custodia periférica esta a cargo de la Policía Nacional, sin que existan unas políticas públicas integrales, una legislación adecuada, un presupuesto suficiente y un personal de guarda y custodia profesional y especializado. En este sentido, la Comisión subraya que la Policía es un cuerpo de seguridad cuyas funciones propias son la prevención del delito y el mantenimiento del orden público, pero que carece de la formación y el entrenamiento adecuado para ejercer las funciones propias de la rehabilitación de los condenados y su reinversión a la sociedad.

La Comisión también observa con preocupación la falta de separación entre procesados y condenados, y lo que es aun más grave, entre hombres y mujeres, en contravención de los principios mínimos que deben orientar la gestión penitenciaria para dar protección a grupos vulnerables.

En este contexto de abandono y sobrepoblación, estaban dadas las condiciones para que ocurriera una tragedia como que tuvo lugar en la Penitenciaría Nacional de Comayagua el 14 de febrero de este año, en la que murieron 361 personas. En la visita realizada a dicho centro penal, la Comisión pudo verificar que en espacios de 75 metros cuadrados con capacidad para 20 personas se encontraban recluidas entre 100 y 110 personas, en literas dispuestas en formas de nichos unas encima y al lado de otra, en un área no superior  los 80 centímetros cuadros.

La Comisión tiene conocimiento de que el Estado está adelantando las investigaciones penales y administrativas correspondientes. Dada la magnitud de la tragedia en pérdidas de vidas humanas, la Comisión insta a las autoridades del Estado a adoptar las medidas necesarias para el establecimiento oportuno de las responsabilidades a que haya lugar tanto por acción como por omisión, toda vez que las víctimas eran personas que se encontraban bajo custodia del Estado, y por tanto jurídicamente el Estado era responsable de garantizar sus derechos fundamentales.

Según la información de dominio público existen diferentes hipótesis relativas, tanto a las causas como al  control del incendio y al rescate de los sobrevivientes. Respecto  a las causas, es imperativo que el Estado investigue tanto las hipótesis que indican que la conflagración obedeció a un simple accidente, como las hipótesis que conducen a la existencia de móviles criminales. Asimismo, se insta al Estado para que se investigue las múltiples denuncias que señalan graves omisiones de parte de las autoridades penitenciarias que tenían a su cargo el establecimiento penitenciario en la prevención y control del incendio, así como en el rescate de las víctimas. Es obligación del Estado agotar todas las líneas de investigación y  esclarecer los hechos ocurridos en Comayagua, para que no solo se alcance la verdad, justicia y reparación; sino para asegurar que hechos de esta extrema gravedad no se vuelvan a repetir jamás.

Con respecto a las consecuencias del incendio, la Comisión toma nota de algunas acciones que ya ha adoptado el Estado para apoyar a los familiares de las víctimas del incendio. Al mismo tiempo, considera que es imprescindible brindar asistencia sicológica idónea a los sobrevivientes de las bartolinas que se quemaron y a los familiares de los internos que perdieron la vida. Asimismo, insta a las autoridades a reubicar a los internos en instalaciones seguras y adecuadas; pretender albergar a los sobrevivientes en los mismos recintos en los que recientemente murieron 361 personas, contraviene la dignidad inherente del ser humano, y los principios humanitarios básicos de una sociedad civilizada.  

La magnitud de la tragedia de Comayagua urge que el Estado adopte las medidas urgentes para adecuar las instalaciones físicas de todos los centros penales que no reúnen las condiciones mínimas para garantizar una calidad de vida acorde con la dignidad humana y que pone en riesgo evidente la integridad de miles de personas que se encuentran bajo la custodia del Estado.

Finalmente, la Relatoría subraya que le corresponde al Estado, en función de su posición de garante de los derechos de las personas privadas de libertad, adoptar políticas públicas integrales dirigidas a la rehabilitación y readaptación, que incluyan: la adopción de una ley penitenciaria acorde con los estándares internaciones en la materia, y creación de un instituto penitenciario como elemento clave de la política criminal, de justicia y de derechos humanos, dirigido por personal profesional y especializado, el incremento progresivo del presupuesto oficial destinado a las necesidades de alimentación, salud, higiene, agua potable, etc. de la población reclusa, el diseño y formulación de programas de empleo y estudio que permitan la reinserción social de los privados de libertad, y el mejoramiento de la justicia para superar la mora y rezago judicial y la adecuación de la legislación para adoptar medidas alternativas a la pena de prisión. Pero fundamentalmente, debe adoptar las medidas necesarias para erradicar de las cárceles de forma definitiva el modelo de autogestión absoluta que ejercen los reclusos, sin controles y límites, lo que genera corrupción, violencia e impunidad. 

Estos deberes deben ser asumidos por el Estado como una prioridad que no dependa del mayor o menor interés que coyunturalmente pueda darle los gobiernos de turno, ni de los avatares de la opinión pública; sino que debe constituir un compromiso que vincule a todas las ramas del poder público y a la sociedad en su integridad.