martes, 24 de septiembre de 2013

TERCER COMUNICADO DE LA COMISIÓN MULTINACIONAL



SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LA REFORMA DE SEGURIDAD Y JUSTICIA EN HONDURAS
1. La Comisión Multinacional ha realizado durante esta semana su tercera visita a Honduras en lo que va del año. Nos hemos reunido con altas autoridades del Estado, operadores de justicia, integrantes de la sociedad civil y de la comunidad internacional. Constatamos que el estado de inseguridad en Honduras sigue siendo agobiante, sobre todo en los municipios más poblados y limítrofes, donde se concentra el 66% de los homicidios. Aunque hay algunos progresos, la reforma del sistema de seguridad sigue siendo errática, lenta y contradictoria, sin acciones que pongan un alto a las redes criminales que mantienen a la población en zozobra y actúan con impunidad. Esa falta de avances refleja, a nuestra manera de ver, que las elites políticas han supeditado las reformas a sus intereses electorales inmediatos. 

2. Lamentamos que los líderes del Congreso Nacional y sus aliados desaprovecharan la oportunidad de elegir al nuevo fiscal general mediante un procedimiento competitivo, transparente y de reconocimiento de méritos por encima de las conexiones partidarias. Esa iniciativa de la APJ con el respaldo de la UNAH y el CONADEH hubiese contribuido decididamente a recuperar la confianza de la sociedad en el Ministerio Público y a restaurar las capacidades del Estado de perseguir el crimen. Del mismo modo, la integración del Consejo de la Judicatura ha despertado desconfianza en relación con la transparencia que un órgano como este debería tener para fortalecer la independencia judicial que es fundamental en una democracia. 

La pérdida de legitimidad del proceso por el que fueron electos el nuevo fiscal general y el fiscal adjunto fue seguido en los últimos días por una serie de eventos indicativos de que el Ministerio Público sigue estando capturado por intereses políticos que desnaturalizan su función. En ese contexto la eventual aprobación en el Congreso Nacional de las reformas a la Ley de Ministerio Público tampoco despierta confianza. Entre tanto, como lo constatamos, los fiscales siguen trabajando en condiciones muy precarias, poniendo incluso en alto riesgo su seguridad personal. 

Reconocemos, por otro lado, los avances de gestión de seguridad civil que transparentan las unidades y funciones policiales, y contribuyen a un mejor registro de los fenómenos criminales. Estas acciones deben continuarse y profundizarse en el próximo gobierno. Ahora bien, advertimos que ciertas operaciones anti-crimen, adoptadas en esta crisis para dar una inmediata respuesta del Estado bajo un manto legal, deben regularizarse en un tiempo previsible o los hondureños corren el riesgo de caer bajo el control de mecanismos discrecionales de seguridad. También manifestamos nuestra preocupación por la proliferación sin regulación, por lo general, de grupos privados de seguridad, cuyos elementos multiplican por 15 el número de policías nacionales. Estamos convencidos que aquella seguridad que hipoteca las libertades, es una seguridad falsa.

3. Por otro lado, observamos con enorme preocupación la creación de la Policía Militar de Orden Público pues, como se ha demostrado en los países de la región azotados por la violencia criminal, el involucramiento de las fuerzas armadas en tareas de seguridad interna crea más problemas de los que resuelve y además desvía los limitados fondos públicos que deben fortalecer los organismos profesionales de la seguridad ciudadana, como la policía nacional, la policía técnica de investigaciones, la inteligencia civil y el Ministerio Público. Asimismo, mejorar la coordinación entre los operadores de justicia y mecanismos para facilitar la cooperación ciudadana y la protección de testigos. 

Honduras no puede renunciar a construir instituciones de seguridad que respetan los principios de transparencia, rendición de cuenta, y participación ciudadana, pues en ellos en descansa una seguridad democrática y confiable. Apoyamos el plan actual de la policía comunitaria, pero necesita estructuras específicas para ser efectivo, como reuniones regulares en la comunidad y proyectos locales contra la inseguridad, como en educación y protección de sectores vulnerables. 

4. A pesar de todas estas dificultades, ratificamos que Honduras posee invaluables reservas morales en su sociedad y en el Estado, compuestas por ciudadanos y operadores de seguridad y justicia comprometidos hasta el límite con su país, el bienestar, la libertad y seguridad de sus habitantes, y que no claudican ni en las condiciones más adversas. Son ellos quienes mantienen vivas las esperanzas de recuperar la paz social. Sin embargo, para provocar el vuelco de las condiciones actuales que Honduras atraviesa, es indispensable un mayor involucramiento y participación de la sociedad, y una actitud más madura y responsable de las elites, especialmente de las elites políticas. 

5. Honduras vive plenamente un proceso electoral que debe culminar pacífica y ordenadamente, superando miedos, incertidumbres y amenazas. Este relevo de autoridades debe abrir el espacio de debatir serenamente y de comprometer a la clase política a asumir de una vez por todas las reformas profundas que demanda la grave situación de inseguridad e impunidad. Posponer los cambios o emprenderlos a medias es prolongar el sufrimiento de la sociedad y tolerar que los criminales se conviertan en carceleros de un país entero. La seguridad es un asunto vital para todos los hondureños y no debe banalizarse. 

6. Por último, ratificamos que la ruta a seguir en materia de seguridad interna es la misma que han adoptado otras naciones que lograron revertir cuadros críticos de criminalidad: primero sanear y fortalecer las instituciones creadas para velar por la seguridad de la ciudadanía, segundo profesionalizar a sus operadores, dotarles de recursos, políticas claras y no dejarlos solos, apoyarles, auditarles y criticarlos, cuando sea el caso, y tercero respeto a irrestricto a la legalidad. La tarea del Estado democrático es garantizar la vida, la libertad y la seguridad a sus habitantes, y no restringir sus derechos, ni provocar miedo ni someterlos a vigilancia y controles indebidos. 

7. Independientemente de los resultados electorales, el próximo Gobierno y el Congreso deberán trabajar unidos en formular y aplicar una política de seguridad de Estado, que es la única garantía de una convivencia pacífica y respetuosa. 

Tegucigalpa, D.C. 19 de septiembre de 2013.

Comisionados

Mark Ungar (EEUU)
Rick Bandstra (EEUU)
Jose Ugaz (Perú)
Edgar Gutierrez (Guatemala)
Nick Seymour (Reino Unido)
Joaquín A. Mejia R.  (Honduras)

 


jueves, 12 de septiembre de 2013

¿Hasta cuándo?



Si la semana pasada creímos que con la elección del Fiscal General del Ministerio Público y su adjunto se cerraba el círculo del poder absoluto, el Congreso Nacional, aprovechando la algarabía del partido Honduras-México, tomó una nueva decisión que definitivamente garantizará la impunidad. Nos referimos a la elección del primer Consejo de la Judicatura.
De acuerdo con la Ley del Consejo de la Judicatura y  de la Carrera Judicial, con este nuevo órgano se separan las funciones administrativas y jurisdiccionales de la Corte Suprema de Justicia, lo cual en teoría debería garantizar que la selección, ingreso, traslado y remoción de los jueces y juezas no queda en manos de los magistrados, sino de un órgano independiente.
En otras palabras, el Consejo de la Judicatura y de la Carrera Judicial es el encargado de organizar y dirigir financieramente y administrativamente el Poder Judicial y nombrar y remover a magistrados de Cortes de Apelaciones y Jueces, así como a los demás funcionarios y auxiliares jurisdiccionales, personal administrativo y técnico. En este sentido, su conformación es fundamental para garantizar la independencia, imparcialidad y competencia de los operadores judiciales.
Por ello, el Congreso Nacional, sabiendo de la importancia de este nuevo órgano, eligió por una mayoría de 110 votos a favor a Julio César Barahona, Rolando Argueta, Francisco Quiroz y Teodoro Bonilla como propietarios y a Liliam Maldonado y Celino Aguilera como suplentes, cuyos nombres ratifican una vez más la lógica del reparto político partidario en menoscabo de los intereses de la justicia.
Pero además, pese a que el artículo 4 de la ley del Consejo de la Judicatura y de la Carrera Judicial prescribe que las asociaciones de jueces tendrán derecho a integrar un representante cada uno, el Congreso Nacional violentó esta normativa y eligió a dos representantes de la Asociación de Empleados y funcionarios del Poder Judicial de Honduras (ASOJMAH) y excluyó a la Asociación de Jueces por la Democracia (AJD).
Evidentemente, esta exclusión se debe a que la AJD ha jugado un papel fundamental en la defensa de la independencia judicial, mientras que la ASOJMAH es simplemente una asociación plegada al poder de turno.
El descaro y la desvergüenza no tienen límites para esta clase política. ¿Cuánto más soportaremos y permitiremos que la corrupción, el cinismo, la arbitrariedad y la ilegalidad de estos políticos nos condenen a seguir siendo una república bananera?

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Se cerró el círculo del control y del poder absoluto



Primero fue la mayoría absoluta en el Congreso Nacional. Luego fue el control del Poder Judicial a través de la ilegal destitución de los magistrados de la Sala de lo Constitucional que ya no servían eficientemente al poder, con excepción del magistrado Óscar Chinchilla, que como un perro se mantuvo fiel a su amo en el congreso.
Después vino la renuncia obligada del fiscal general y su adjunto que tampoco ya servían como se debía a quienes los pusieron en sus puestos; luego fue la creación de la Policía militar TIGRES para tener un ejército privado; y hoy finalmente ha sido la espuria elección del nuevo fiscal general y su adjunto, con lo cual, Juan Orlando Hernández y el sector que representa, se garantizan el control, el poder y la impunidad absoluta.
Los nuevos custodios de la impunidad son Óscar Fernando Chinchilla como Fiscal General, único magistrado de la Sala de lo Constitucional que no fue destituido porque fue el único que votó a favor de las ciudades modelos y de otras leyes inconstitucionales creadas por Juan Orlando Hernández; además, Chinchilla es yerno del secretario del Congreso Nacional.
Por su parte, Rigoberto Cuéllar que fue nombrado fiscal adjunto, es el Secretario de Recursos Naturales y Ambiente, desde donde ha realizado un papel fundamental en el proceso de concesión y privatización de los bienes naturales sin respetar los derechos a la consulta previa de las comunidades y sin importarle la salud, la vida y el medio ambiente. Además, es sobrino del presidente de la República.
La elección de estos dos altos funcionarios se realizó en un proceso viciado, fuertemente cuestionado y de espaldas a la Constitución y a los intereses generales de la sociedad; y en esta nueva traición a la patria se unieron a la aplanadora del partido Nacional, diputados de la Democracia Cristiana, del partido Liberal y de Unificación Democrática, con lo cual demostraron una vez más que son simples mandaderos del poder.
Terriblemente comenzamos el mes de la patria con una noticia que nos llena de tristeza e impotencia frente al descaro y la falta de patriotismo de la mayoría de diputados del Congreso Nacional, demostrando que como representantes de los poderes fácticos están dispuestos a dar golpes de Estado, a realizar fraudes electorales, a destituir a aquellos que ya no les sirven eficientemente y a nombrar a personas que les garantizarán la impunidad de sus actos.
¿Qué hemos hecho como hondureños y hondureñas para merecer esta clase política violenta y corrupta? ¿Será cierto que cada pueblo tiene a los gobernantes que merece? Nos negamos a continuar viviendo esta pesadilla de impunidad y llamamos a quienes amamos este país a organizarnos y a movilizarnos contra la ignominia representada en los políticos, empresarios, policías, militares, ciudadanos y funcionarios traidores.