martes, 21 de mayo de 2019

El Departamento de Estado, Trump y el Sondeo de Opinión Pública


¿En qué coinciden el Departamento de Estado, Trump y el Sondeo de Opinión Pública del ERIC-SJ? En que desde diferentes enfoques los tres ven a Honduras como un país en donde el narcotráfico es un grave problema.

En primer lugar, Donald Trump amenazó nuevamente en cortar la ayuda a El Salvador, Guatemala y Honduras porque son incapaces de detener los flujos migratorios que huyen de la pobreza y la violencia, a pesar que el gobierno estadunidense ha destinado millones de dólares para erradicarlas.

En otras palabras, pareciera que esas grandes cantidades de dinero se pierden en los bolsillos de las personas corruptas que manejan las instituciones policiales y militares, y que han demostrado su incapacidad de evitar que la droga pase por las fronteras que históricamente han estado bajo su control.

En segundo lugar, el Departamento de Estado recientemente publicó su informe “Estrategia Internacional de Control de Narcóticos 2019” donde incluyó a Honduras en la lista siniestra de la droga, ya que es considero uno de los principales países productores de droga y de lavado de dinero.

Según dicho informe, aunque se ha producido mayor incautación de drogas, la mayoría la realizaron autoridades no hondureñas en territorios fuera de Honduras; a su vez, no hay información concreta ni creíble de cuánta droga se trafica por el país.

En tercer lugar, el Sondeo de Opinión Pública del ERIC-SJ reveló que para el 70.3% de la población el narcotráfico controla las instituciones del Estado, lo cual se conecta con otro dato importante, que el 88% cree que las personas juezas, fiscales y magistradas protegen los intereses de las corruptas y poderosas.

Obviamente, dentro de las personas corruptas y poderosas se encuentran las personas narcotraficantes. Leídos en su conjunto, estos tres elementos nos confirman que vivimos en un narco Estado en donde las autoridades supuestamente no ven ni escuchan el ruido que provoca el tráfico de drogas.

El caso del hermano del presidente de facto es un claro ejemplo de esto.

La sabiduría de la gente y el Sondeo de Opinión Pública


El Sondeo de Opinión Pública del ERIC-SJ publicado recientemente refleja que, a pesar del cerco mediático, la sociedad hondureña tiene claro que la situación en el país es grave, como lo han venido señalando diversos organismos internacionales que evalúan el estado de la democracia y el Estado de derecho en el mundo.
Así, frente al Índice de Democracia del diario inglés The Economist que señala que Honduras está a un paso de convertirse en un régimen totalmente autoritario, el 61.7% de la población cree que la democracia no se ha fortalecido en estos 10 años y el 83.9% no confía en el Tribunal Supremo Electoral.
Mientras el Índice del Estado de derecho del Proyecto de Justicia Global señala que Honduras es un país débil en institucionalidad democrática e independencia judicial, el 88% cree que las personas juezas, fiscales y magistradas protegen los intereses de las corruptas y poderosas, y el 82.2% no cree en el Poder Judicial.
Mientras el Índice de Estados fallidos del Fondo para la Paz señala que Honduras es un país en advertencia de convertirse en un Estado fallido por la falta de legitimidad e incapacidad de prestar servicios básicos, el 70.3% cree que el narcotráfico controla las instituciones del Estado y el 88.7% cree que estamos más pobres que hace 10 años.
Mientras la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos señalan que el gobierno privilegia la represión frente al diálogo y que la situación de derechos humanos es grave, el 84%.4 cree que tal situación sigue igual o ha empeorado, y el 65.1% que el gobierno no respeta a las personas defensoras de derechos humanos.
De acuerdo con la opinión de la gente de a pie reflejada en el sondeo de opinión pública, Honduras es un narco Estado, con una corrupción extendida en todas las instituciones públicas y con un gobierno sin legitimidad, lo cual se refleja en la muy baja nota de 3.6 que recibe el presidente de facto, y en el 62.7% de la población que piensa que debe salir antes de que termine su mandato ilegal.

Bienvenidos y bienvenidas al infierno


El pasado 13 de marzo, el Comité Nacional de Prevención Contra la Tortura, Tratos Crueles, Inhumanos o Degradantes, junto con los juzgados de ejecución de San Pedro Sula, Santa Bárbara y El Progreso, la Fiscalía Especial de Derechos Humanos, y la Oficina del Alto Comisionado de Naciones para los Derechos Humanos, realizaron una visita de inspección al centro penitenciario de Ilama, más conocido como “El Pozo”.
Los primeros hallazgos de esta visita ratifican la militarización del sistema penitenciario y el alto número de personas en prisión preventiva. Por un lado, en “El Pozo” hay 140 policías militares y apenas 52 agentes penitenciarios. Por otro lado, de las 1804 personas recluidas, 1112 están procesadas y 672 condenadas. Ambos datos demuestran el incumplimiento del Estado de los estándares internacionales en la materia.
A su vez, se constató la existencia de reiterados abusos cometidos por parte de FUSINA y la Policía Militar al emitir órdenes arbitrarias e ilegales y contrarias a la propia Ley del Sistema Penitenciario, así como el uso indebido de la fuerza y armas no letales, el encierro prolongado y las agresiones físicas y psicológicas.
En algunos módulos las personas privadas de libertad se encuentran en condiciones infrahumanas, ya que en una celda construida para albergar a 9 personas se encuentran 13 o 15, lo cual, sumado al encierro total en condiciones antihigiénicas, les expone a pandemias y diversas enfermedades.
La alimentación es deficiente y poco nutritiva, el agua que les proporcionan no es apta para el consumo humano, ya que contiene tierra y presenta color amarillento. Los familiares que les visitan reciben tratos denigrantes por parte de los policías militares.
Tienen prohibido la lectura de libros y no tienen acceso a las cartas y fotografías que sus familiares les envían. Estos y otros hallazgos demuestran la gravedad de la situación de los centros penales en el país, y, teniendo en cuenta el autoritarismo del régimen nacionalista, confirman el peligro para quienes se oponen a él.
Cuando el Ministerio Público acusó a la gente de Guapinol de criminalidad organizada lo hizo con la intención de asegurar que fuera enviada a este infierno militarizado que representa “El Pozo”. Edwin Espinal y Raúl Álvarez llevan más de un año en una cárcel similar criminalizados en el contexto de las protestas ciudadanas contra al fraude electoral.
No podemos ignorar que el régimen tiene las armas, las leyes, las instituciones y las cárceles para castigar a quienes nos oponemos a la imposición de su sistema de muerte. Pero nosotros y nosotras tenemos la dignidad para echar abajo a la organización criminal que gobierna.