miércoles, 22 de agosto de 2012

El juego de los títeres y los polígrafos


Uno de los elementos esenciales de la democracia y el Estado de derecho es la existencia de un Poder Judicial que garantice la independencia e imparcialidad de los jueces y juezas.

Ambas características están relacionadas íntimamente ya que la independencia tiene como objetivo evitar que los jueces y juezas se vean sometidas a restricciones indebidas en el ejercicio de sus funciones, mientras que la imparcialidad busca que los juzgadores se aproximen a los hechos careciendo de manera subjetiva y objetiva de todo prejuicio, ofreciendo garantías que anulen toda duda de parcialidad.

Desde la óptica de las víctimas, la independencia e imparcialidad judicial son fundamentales para garantizar la idoneidad y efectividad de los recursos judiciales destinados a tutelar derechos humanos, pues su ausencia puede provocar su inutilidad  y que resulten ilusorios, particularmente en escenarios políticos de emergencia.

El contexto de violencia institucional generado por el golpe de Estado en donde el Poder Judicial se ha puesto al servicio de los victimarios, ha profundizado el estado general de impunidad, ha colaborado en la existencia de una grave inhibición de los mecanismos teóricamente adecuados para tutelar los derechos humanos, ha propiciado la abstención y desidia judicial para atender los recursos introducidos ante diversos tribunales y se ha dejado a las víctimas en una situación de absoluta indefensión y vulnerabilidad.

El juicio contra los subcomisionados de policía Héctor Iván Mejía y Daniel Matamoros por suponerlos responsables de los delitos de violación de los derechos de los funcionarios, detención ilegal y lesiones perpetradas en el marco de la violenta represión del 15 de septiembre de 2010 en San Pedro Sula, es una muestra más del circo trágico en el que se ha convertido el poder judicial hondureño, donde muchos jueces y juezas son simples títeres en manos de los poderes fácticos.

Pese a que el 3 de mayo de 2012 se realizó la audiencia de declaración de imputados y se fijó la audiencia inicial para el 1 de junio, ésta fue suspendida y pospuesta para el 17 de agosto. No obstante, de forma inexplicable y sin causa justificada nuevamente fue suspendida y reprogramada para el 11 de octubre, con lo cual el Juzgado de Letras de lo Penal de San Pedro Sula ha alargado ilegalmente por más de 5 meses un plazo que de acuerdo con la ley no debe exceder de 30 días.

No cabe duda, como lo señala la Convergencia por los Derechos Humanos, que el propósito de estas burdas maniobras por parte de la jueza es favorecer a los imputados para evitar dictarles el correspondiente auto de prisión que podría traer como consecuencia la suspensión de sus funciones dentro de la Policía Nacional.

Mientras el gobierno de Honduras juega a los polígrafos con los miembros de la Policía Nacional, el Departamento de Estado de EEUU investiga al máximo jefe policial por su supuesta vinculación con violaciones a derechos humanos y quienes protegen a los subcomisionados Mejía Velásquez y Matamoros, demuestran que el poder judicial ha sido privatizado para salvaguardar sus intereses.

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