miércoles, 13 de marzo de 2019

Un informe que desnuda la grave situación de derechos humanos en el país

Esta semana, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos presentó su informe anual sobre la situación de derechos humanos en Honduras, en el cual se refleja un país profundamente polarizado y fracturado.

A su vez, el informe destaca la existencia de una impunidad generalizada, pobreza y desigualdad profundamente arraigadas, y una corrupción apremiante que desvía recursos esenciales del Estado, cuyo costo puede alcanzar el 10% del producto interno bruto.

Uno de los aspectos de mucha preocupación para la Oficina del Alto Comisionado es la persistencia de conflictos por la tierra y el frecuente uso indebido del sistema de justicia penal contra las personas que participan en actividades de incidencia contra los proyectos a gran escala que afectan los territorios.

A la luz del caso de Guapinol, el informe “insta a las autoridades a cambiar su enfoque de criminalización de la ocupación de la tierra por otro que privilegie abordar las condiciones socioeconómicas subyacentes en el fenómeno y que proteja efectivamente los derechos de los pueblos indígenas sobre el territorio ancestral”.

En ese sentido, la Oficina del Alto reitera su preocupación por la sordera estatal ante las recomendaciones que de manera sistemática diferentes mecanismos internacionales de derechos humanos le han recomendado a Honduras la desmilitarización de la vida pública.

Obviamente, los militares representan un alto riesgo para los derechos humanos, como lo demuestra su participación en graves violaciones a los mismos en el contexto de las protestas ciudadanas relacionadas con las elecciones fraudulentas de noviembre de 2017.

Por ello, la Oficina del Alto manifiesta su preocupación por el poco avance en las investigaciones contra los miembros de las fuerzas de seguridad pública que asesinaron a 22 personas en el marco de la crisis post-electoral, lo cual solo genera la idea de que pueden seguir cometiendo este tipo de crímenes impunemente.

Sin duda alguna, el informe ratifica lo que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos encontró en su más reciente visita a Honduras en agosto de 2018: la existencia de una impunidad estructural y de una justicia selectiva que aumenta la desconfianza ciudadana en las instituciones públicas.

Este informe sirve para desnudar la falsedad del discurso oficial de que Honduras va bien y esperamos que también sirva para que la comunidad internacional también ponga sus ojos en el pueblo hondureño que también sufre las consecuencias de vivir bajo un régimen autoritario. 
 

Guapinol: entre la justicia selectiva y la desconfianza ciudadana

Desde hace 8 años, el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús en Honduras realiza un sondeo de opinión pública para conocer la opinión de la población sobre diferentes temas que afectan sus vidas y al país.

Una de las preguntas que siempre está presente en los sondeos es lo que piensan sobre el papel que juegan el Ministerio Público y el Poder Judicial. Cada año el porcentaje de la gente que brinda una respuesta similar es prácticamente el mismo.

8 de cada 10 hondureños y hondureñas considera que las y los fiscales, jueces, juezas, magistrados y magistradas protegen los intereses de las personas corruptas, ricas y poderosas del país, y apenas 2 creen que protegen los intereses generales de la sociedad.

Dicha percepción coincide con dos cuestiones señaladas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en sus observaciones preliminares sobre su visita a Honduras en agosto del año pasado para conocer en el terreno la situación de los derechos y libertades.

Primero, los elevados niveles de impunidad y corrupción que han erosionado la confianza ciudadana en las instituciones públicas, y la desigualdad que está enraizada en un sistema que beneficia a unos cuantos que tienen relaciones con altas esferas del poder político y privado.

Segundo, que existe una justicia selectiva que actúa de manera tardía en unos casos y favorece ciertos intereses en otros. Así, se criminaliza a estudiantes, indígenas, personas defensoras de derechos humanos y del ambiente, y trata con guante blanco a personas corruptas y violadoras a derechos humanos.

Ejemplos claros de la justicia selectiva son los siguientes: El Ministerio Público no quiso acusar de asociación ilícita a quienes se asociaron para planificar y ejecutar el asesinato de Berta Cáceres, pero sí acusó de ese grave delito a 12 personas que defienden los ríos San Pedro y Guapinol.

La Corte Suprema de Justicia ordenó admitir un recurso a favor de Mauricio Oliva para detener las investigaciones en su contra realizadas por la UFECIC/MACCIH, mientras un juzgado de jurisdicción nacional, creado para perseguir criminalidad organizada, se declaró competente para acusar a la gente de Guapinol.

Indudablemente, debemos juntarnos y articularnos con valentía, reflexión, alegría y resistencia para rescatar nuestras instituciones públicas de quienes las usan para perseguir a quienes queremos un país justo y compartido, y proteger a los verdaderos criminales de este país.

La dignidad de Guapinol frente a la delincuencia con toga y el Código Penal

Recientemente, el Relator Especial sobre la situación de los defensores de los derechos humanos publicó su informe acerca de su visita al país del 30 de abril al 12 de mayo de 2018 y confirmó que Honduras sigue siendo uno de los países más peligrosos en América Latina para las personas defensoras de derechos humanos.

El Relator concluyó en su informe que las personas defensoras son objetos de amenazas, hostigamiento, intimidación, golpizas, además de ser criminalizadas y estigmatizadas en campañas de desprestigio mediáticas. Una de las formas en que se concreta la criminalización es el uso indebido e intencional del derecho penal a través de los delitos de usurpación y asociación ilícita.

Los autores materiales de los ataques incluyen a miembros de la Policía Nacional y del Ejército, mientras que los autores intelectuales incluyen a funcionarios públicos, el sector empresarial, las fuerzas de seguridad, y en especial sectores corruptos de las mismas que actúan en connivencia para asegurar el propio lucro.

El Relator Especial subraya en su informe que el derecho pacífico de reunión puede adoptar la forma de sentada o concentración con el propósito de expresar quejas o anhelos, tal como lo hacen las personas en los campamentos de dignidad en Pajuiles y Guapinol, y rechaza enérgicamente el uso del delito de usurpación contra las personas defensoras.

Uno de las recomendaciones importantes del informe es que le pide al Estado abstenerse de penalizar a quienes defienden la vida y asegure que los fiscales del Ministerio Público y los jueces y juezas reciban una formación adecuada sobre el importante papel de las personas defensoras. No obstante, lo que realmente necesitan es dignidad, decencia, humanidad y valentía para colocarse al lado de la justicia.

Jueces como Carlos Irías de León y Víctor Méndez, y fiscales como Wilmer Sánchez y
Sayda Vallecillo que acusan de criminales organizados a los compañeros y compañeras de Guapinol por defender los ríos, son una vergüenza y algún día pagarán por sus crímenes que disfrazan con una legalidad que favorece a los más corruptos de este país.

Honduras, entre el autoritarismo y la dictadura

Recientemente la Unidad de Inteligencia del periódico británico The Economist publicó su índice anual sobre el estado de la Democracia en 167 países, el cual se basa en el análisis de 5 categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política.

Dependiendo de la puntuación que se obtenga en cada una de las categorías anteriores, el régimen de un país puede ser calificado como democracia plena, democracia imperfecta, régimen híbrido y régimen autoritario.

Así, si un país saca una nota entre 8 y 10 será considerado plenamente democrático, si es entre 6 y 7.9 será una democracia imperfecta, si es entre 4 y 5.9 será un régimen híbrido y si es entre 0 y 3.9 será un régimen autoritario.

Como era de esperarse, Honduras obtuvo una puntuación de 5.6, lo cual implica que es considerado un régimen híbrido, es decir, los resultados electorales no son confiables, el gobierno ejerce presiones sobre los partidos o candidatos opositores y existe una baja intensidad de la cultura política.

A su vez, la participación y el funcionamiento del gobierno es limitado, la corrupción está muy extendida y el Estado de derecho es débil porque no existe equilibrio y división de los poderes, y el trabajo de los medios de comunicación es condicionado por las presiones de los poderes fácticos.

Aunque a la luz de este índice Honduras se encuentra a un paso de convertirse en un régimen autoritario, la realidad nos confirma con crudeza que nos encontramos ante una verdadera dictadura que, como lo señala la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, privilegia la represión frente al diálogo. 
 

Los departamentos femicidas

De acuerdo con datos del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, desde el 1 de enero al 8 de febrero de este año, 33 niñas y mujeres han sido asesinadas en Honduras; es decir, prácticamente una mujer está siendo asesinada cada día en el país.

El 83 por ciento de estos femicidios ocurrieron en Cortés, Francisco Morazán, Comayagua, Yoro y Atlántida, los cuales, en palabras de Migdonia Ayestas, directora del Observatorio, son verdaderos “departamentos femicidas”.

Una de las características graves de esta situación no solamente es la impunidad estructural que rodea estos femicidios, sino también la posición de un alto porcentaje de la sociedad y de algunas autoridades que ve a las propias víctimas de estos crímenes como responsables.

Por un lado, parte de la sociedad culpa a las víctimas de su propia muerte, entre otras cosas, por vestir de determinada manera y por salir a determinadas horas, detrás de lo cual se encuentra un conjunto de creencias y valores que le asignan a la mujer un lugar solo el ámbito privado y en las tareas de cuidados.

Por otro lado, las autoridades públicas no toman en cuenta el contexto de violencia contra la mujer en el que se ejecutan los femicidios, ya que el Estado no ha implementado las medidas necesarias para que quienes reciben las denuncias tengan capacidad y sensibilidad para entender la gravedad de los hechos.

En términos generales, la cultura patriarcal que promueve la discriminación y la naturalización de las violencias contra las mujeres contribuye a que los femicidios no se perciban como un grave problema que requiere acciones inmediatas y contundentes.

Desde el ERIC y Radio Progreso alzamos la voz de alarma frente a los femicidios, nos comprometemos a continuar aportando nuestro granito de arena para liberar de sexismo y discriminación nuestros espacios, y alentamos al Estado de Honduras a que considere seriamente esta situación como de emergencia nacional.

martes, 12 de marzo de 2019

Ayer fue Gladys, hoy es María Luisa

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos señala que en Honduras el derecho a la libertad de expresión enfrenta un panorama de extrema complejidad debido a la persistencia de elevados niveles de violencia contra periodistas y a la impunidad de la mayor parte de los crímenes, así como al mantenimiento de los delitos de injurias, calumnias y otras figuras que afectan este derecho.

En este sentido, en marzo de 2015, la Sala número 1 del Tribunal de Sentencia de Tegucigalpa, condenó por el delito de difamación a la coordinadora del movimiento feminista “Visitación Padilla”, Gladys Lanza, a quien le impuso una pena de 18 meses de prisión e inhabilitación para representar a “Las Chonas” durante el mismo periodo de tiempo.

Nuestra querida Gladys fue acusada por haber difundido una denuncia de acoso sexual y hostigamiento laboral interpuesta por Lesbia Pacheco, ex jefa de recursos humanos de la Fundación para el Desarrollo de la Vivienda Social, Urbana y Rural, en contra del director de la misma, Juan Carlos Reyes. En otras palabras, fue condenada por ejercer su papel de defensora de derechos humanos.

Y a finales de enero, Rolando Argueta, presidente de la Corte Suprema de Justicia, declaró culpable a María Luisa Borjas por el delito de calumnias en perjuicio de Camilo Atala, ya que ella presentó ante el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) un expediente en poder del Ministerio Público que señala al señor Atala como uno de los autores intelectuales del asesinato de Berta Cáceres.

La sentencia condenatoria contra María Luisa Borjas es un ejemplo claro de cómo las figuras penales de injurias, calumnias y difamación pueden tener un efecto inhibidor en las denuncias ciudadanas cuando se trata de cuestiones de interés público como el asesinato de Berta Cáceres y la responsabilidad de algunas personas vinculadas al poder económico y político del país.

Y también es una sentencia que confirma la politización partidista del poder judicial y su utilización como sicario judicial a las órdenes de los poderes fácticos del país, ya que el magistrado Argueta ni se molestó en valorar que las declaraciones de Borjas no constituían ataques conscientes e intencionales al honor del señor Atala ni tenían la malicia de provocar una afectación por sí mismas.

La intención de María Luisa Borjas como defensora de derechos humanos, al igual que Gladys Lanza, era colocar en el debate nacional a través de una denuncia ante el CONADEH, un asunto de interés público vinculado con la investigación del asesinato de Berta, que 35 meses después, continúa en la impunidad en lo que respecta a los autores intelectuales. 

La eficacia de la Policía Nacional

El domingo pasado la Policía Nacional de Honduras revolucionó la red social Twitter con la publicación de un mensaje en el que orgullosamente informa que decomisó más de 80 llantas deterioradas en el barrio Guanacaste de Tegucigalpa.

La reacción de las personas no se hizo esperar y haciendo uso del humor y el sarcasmo, muchas respondieron a ese twit policial mostrando la poca o nula confianza que más de un 60% de la población tiene en la Policía Nacional, algo que los sondeos de opinión pública del ERIC-SJ reflejan cada año.

Una persona les respondió criticando que los camiones repletos de cocaína que pasan diariamente hacia Estados Unidos no los detectan, tampoco los cultivos de marihuana sembrados en los mismos lugares de siempre, ni los narcos de Gracias, Lempira.

Otra persona les recriminó que a los delincuentes no los capturan, pero sí a las llantas; otra les respondió que tendrían un poco de credibilidad si así como decomisan llantas decomisaran la cocaína TH –las siglas que Tony Hernández incrustaba en la cocaína que traficaba-.

Otra persona les manifestó que ahora sabe por qué solo en Estados Unidos se presentan cargos criminales por narcotráfico a algunos hondureños, pues la Policía Nacional se dedica a decomisar llantas y no criminales.

Otra de forma burlesca les escribió que es muy bueno que la policía recoja la basura, ya que al menos para algo sirven porque no capturan a los delincuentes de verdad ni son capaces de incautar la droga. Otra persona les publicó que ni el FBI ni Scotland Yard ni la CIA son tan efectivos para decomisar llantas.

Otras les preguntaron ¿cuánta droga de Tony Hernández fueron capaces de decomisar mientras pasaba toneladas por todos lados?, ¿cuántos delincuentes han capturado este fin de semana?, ¿cuántos casos de homicidios y femicidios han resuelto?, ¿cuántas capturas han hecho por las masacres?

Estas reacciones de la gente encierran verdades incuestionables: primero, la falta de confianza y de credibilidad de la Policía Nacional no hay depuración policial que la restituya si continúan siendo eficientes para reprimir, pero cómplices e ineficientes en la lucha contra el crimen organizado.

Segundo, a pesar que Honduras tiene uno de los gastos militares y policiales más altos de la región, es el país que menos incautaciones de droga realiza.

Es claro que policías y militares están más ocupados en reprimir y sostener al régimen de facto que en cumplir con la misión constitucional de proteger los derechos de la ciudadanía.

Fuente: https://wp.radioprogresohn.net/la-eficacia-de-la-policia-nacional/